El machismo como la histórica pandemia

El sonido de miles de puertas cerrándose alrededor del mundo crea cierta atmósfera de seguridad. De un portazo, el virus que está matando a millones de personas se queda fuera ¿Qué pasa cuando el causante de muerte se materializa en un agresor encerrado en los mismos metros cuadrados?

Cada cierto tiempo, las ventanas de los edificios a lo largo de todo Chile, tiemblan. Miles de voces femeninas se unen en un solo grito desgarrador, pidiendo algo que suena incluso simple, sin embargo, parece imposible. Dejen de matarnos.

A un año de la inédita iniciativa que instauró Calera de Tango para la protección de las mujeres de la comuna, hay registradas 15 beneficiadas, quienes son monitoreadas diariamente por Seguridad Ciudadana con el fin de asegurarse de que sus agresores, previamente denunciados, cumplan con el distanciamiento determinado.

Lejos de este panorama, se encuentran todo el resto de chilenas. 

A la fecha, mediados de septiembre del 2020, la Red Chilena contra la Violencia hacia la Mujer registra 36 femicidios y tres suicidios inducidos por la violencia machista. Por otra parte, SERNAMEG, institución que bajo la ley 20.480 reduce los femicidas a quienes hayan vivido o contraído matrimonio con la víctima, acusa 27 defunciones.

Manifestaciones en contexto de pandemia por el femicidio de Ambar Cornejo, caso que removió a Chile por su brutalidad y fallo por parte de la justicia | Miguel Moya | Agencia UNO

¿Hacia dónde se escapa cuando la muerte acecha dentro y fuera de casa? 

Miles de mujeres a lo largo de Chile y el mundo se ven arrojadas a un duelo interno: el miedo al virus del exterior versus la violencia del interior de sus hogares. De cualquier forma, sus vidas están en riesgo. 

Diferentes organizaciones autogestionadas por mujeres, buscan encontrar una cabida a la opción donde ellas ganen. “Yo estoy trabajando con 52 mujeres en este momento. Solo cinco de ellas buscan denunciar”, cuenta Mauda Cuminao, trabajadora social de SEDEC, organización que trabaja en la capacitación, prevención y promoción del autocuidado en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar (VIF), principalmente en la región del Biobío. 

Con una mezcla de resignación y rabia en la voz, Cuminao intenta explicar cuáles son algunos de los motivos que detienen a las mujeres con las que conversa cada vez que estas se sienten sobrepasadas por la violencia en la que se ven presas. “Tienen miedo a denunciar y este miedo las paraliza. Tienen miedo a lo que puede pasar después de una denuncia”, luego de algunos segundos de silencio, donde su mirada buscaba algún recuerdo, termina “Tienen miedo porque nadie les da seguridad. Tienen miedo al futuro”.

El relato de Mauda, logra explicar el comportamiento de las cifras entregadas por Carolina Cuevas, Subsecretaria de la Mujer y la Equidad de Género, donde retrataba la disminución de denuncias en un 14% en Carabineros y un 20% en fiscalía, en comparación al año pasado.

“Solo San Pedro de la Costa, sector de San Pedro de la Paz, cuenta con más de 300 medidas cautelares y hay solo dos carabineros que hacen las rondas”, explica Mauda Cuminao con una mirada que logra atravesar la pantalla y evidenciar su pensamiento sobre la insuficiencia de las medidas de protección hacia las mujeres víctimas de violencia. 

“Antes trabajamos de forma presencial en una oficina en San Pedro, pero en contexto de pandemia los seguimientos son remotos. Por Whatsapp o llamadas”, Francisca Feliu, técnico en trabajo social y encargada de realizar llamadas a usuarias víctimas de violencia intrafamiliar y en el pololeo, explica con pesar los cambios en el método de seguimiento.

“Mi primer caso fue súper potente y costó mucho. Siempre, aunque quieras y hagas tu mejor trabajo y esfuerzo, siempre algo se te escapará de las manos”, Francisca continúa su relato, transparentando el desgaste y esfuerzo emocional que conlleva su tarea dentro de Fundación Antonia, organización que lucha por tipificar como delito la inducción al suicidio, además de incorporar las relaciones de pareja sin convivencia en la regulación de la VIF.

Ilustración en memoria de Antonia Barra, joven víctima de suicidio femicida. La formalización del agresor fue seguida por un millón de personas desde la página web, lo que provocó que se re abriera la discusión sobre la inclusión del suicidio inducido por violencia de género en relaciones sin convivencia dentro de la ley | Ilustración por Naika.cl

No muy lejos de este panorama, Marcy Sandoval, psicóloga de la fundación, encuentra algunos minutos para comentar sobre la situación actual y entregar claves que pueden marcar la diferencia. “En este periodo han aumentado mucho las consultas espontáneas por VIF. Estamos con hartas víctimas en sesión”.

“Algunas de las señales de alerta son: Cambios de carácter, miedo, no quieren que nadie les pregunte cómo están. Cambian sus gustos, están en estado de alerta permanente, pendientes a instrucciones de su agresor. Se aíslan social y familiarmente, ya que los agresores necesitan que su víctima esté sola”, Marcy relata uno a uno los indicadores que una mujer sufriendo violencia puede presentar.

“Todavía me pasan cosas en la piel cuando me cuentan sus historias”, admite Mauda recorriendo sus brazos con las palmas de sus manos, en una caricia quizás inconsciente, como si en aquel momento, los recuerdos trajeran de vuelta la sensación. 

 “Llevo 20 años trabajando en violencia a la mujer. No lo veo como una responsabilidad… Más bien una necesidad o una misión. Seguramente cuando uno vive violencia, la conoce, la ha sentido… te identificas con ellas”, la trabajadora social termina con un relato que deja en evidencia parte de la vulnerabilidad y sensibilidad, que ha sido clave para generar la confianza con la que cuentan las mujeres que han compartido sus historias y miedos con ella. 

Poema escrito por una de las víctimas de VIF que mantiene contacto con Mauda. El poema nace de la pregunta hacia cómo se siente | Kika, 15 de septiembre, 2020
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