Clases en pandemia de los niños de enseñanza básica

Diversas realidades son las que enfrentan los hogares en Chile para lograr educar a los niños a larga distancia, pero son más complicadas cuando estos son los integrantes más pequeños de la familia.

La típica alarma suena cada mañana a las ocho, dando la señal de que una nueva jornada empieza. Habitualmente, este hubiese sido el momento en el que se iniciarían las clases en muchas escuelas de Chile, pero la realidad golpea al escuchar el celular en el velador.

“Mis papás salen a trabajar, yo me levanto temprano y hago mis tareas rápido” explica Benjamín Águila, de 8 años, sentado cerca de su hermano y del teléfono que lo conecta con la llamada entrante. Ha iniciado tercero básico en su colegio en Chiloé, y su mamá es la que le ayuda con sus guías de estudio y deberes escolares antes de irse a trabajar después del almuerzo.

Más al extremo sur, en la comuna de Porvenir situada en Magallanes, la profesora Liliana Salas lidera sus propios métodos de enseñanza basados en la realidad de las familias de sus estudiantes, que este año pasaron a 2do básico. “De mis 30 alumnos el año pasado sólo cinco tenían acceso a internet hogar, entonces la opción que yo asumí fue entregar las guías una vez al mes” acompañando la labor con video llamadas, audios de WhatsApp, entre otros.

Son varios los factores que entregan dificultades para la vida tanto escolar como personal de muchos niños, y debido a que para ellos el mundo es totalmente desconocido el azote de la pandemia pegó con fuerza en las estructuras de su vida.

Según el Equipo Proyecto Cuidemos a Nuestros Niños (2020), el 26% de los niños aumento su agresividad. Fotografía de Getty Images.

El lado más difícil

Un estudio realizado por la organización Cuidemos a Nuestros Niños, en el que se encuestaron a padres, madres y cuidadores sobre cómo sus hijos se vieron afectados por los diversos cambios que ocurrieron debido a la pandemia. Arrojó que 61% reactivó su actividad emocional, 42% aumentó su nivel de actividad (inquietud, hiperactividad), 43% está más desobediente/desafiante y 42% aumentaron o comenzaron los problemas de concentración.

Para la profesora Liliana esto se debe principalmente por “la angustia que ellos pasaron, que si sus papás salían podían infectarse y se podían morir, porque esa era la realidad del año pasado. Los casos en la televisión nos bombardearon de cosas negativas y todo eso los niños lo absorbieron”. Y es que tan solo dejar el volumen de la televisión muy alta, atrae a pequeños a espiar en busca de respuestas a lo que está sucediendo, porque no lo entienden y hasta para los adultos es complicado.

Benjamín es el primero en hablar al escuchar preguntar sobre las clases presenciales “Extraño ir al colegio y jugar con mis amigos. Antes tenía seis, pero uno se cambió y ahora son cinco”. Sinceramente, el pasado año no ha sido nada fácil para un niño con tanta energía como él. Menos en un contexto en el que sus padres salen a pesadas horas laborales y donde su hermano mayor balancea la universidad con el trabajo, dejando poco espacio para el tiempo cálido en familia, y otorgando horas de juegos en solitario que terminan tornándose aburridas.

“Antes era mucho más responsable, tenía que cumplir horarios. Ahora, todo el año ha sido más libre, más relajado, en los momentos que tiene que hacer la tarea se estresa y pierde al tiro la compostura” explica Marcelo Águila, su hermano, después de un pequeño silencio. Así como para ellos, el desafío más grande ha sido generar una rutina diaria que le entregue mejor estabilidad a los niños y sobre todo que el estrés de uno no termine convirtiéndose en el de todos.

Según el Equipo Proyecto Cuidemos a Nuestros Niños (2020), el 29% de niños experimento cambios de humor súbitos. Fotografía de Getty Images.

Los cambios llegan con el trabajo en equipo

Fue difícil explicarles a los padres cómo debían ayudar a sus hijos, “pero a medida que iba pasando se dieron cuenta que era la única forma que teníamos de que los niños aprendieran”, expresa Liliana. Y es que la labor de todos se ha visto afectada, no solo los padres volviéndose unos segundos educadores, sino también la profesora quien no ha dudado en anteponer las dificultades de cada familia para personalizar un método de educación más sencillo.

Debido a esto, ella sabe que todo el avance que se ha logrado con sus estudiantes es debido al compromiso que los mismos apoderados han puesto en la educación de sus hijos en la casa. Y recalca en cada ocasión lo agradecida que está con ellos por haberse dado el tiempo de realizar consultas, agendar video llamadas y darse el tiempo de ayudar a los niños a pesar de estar cansados.

En el caso de Benjamín, “El colegio adoptó otra medida que es el envío de guías durante el año pasado y el inicio de este año, porque según ellos por ley no puede hacer clases online a niños de primer a cuarto básico” explica Marcelo. Por el cual su mamá Jaqueline es la que está pendiente cada mañana de recibir y notificar el recibimiento de las guías a través de WhatsApp.

“Sin mi mamá y mi abuela, que a veces me ayuda, las tareas serían más difíciles” dice Benjamín antes de despedirse debido a que la hora de almorzar comenzará pronto. Y a lo que le seguirá otra tarde similar a la de ayer, la cual espera que se acabe en algún momento del futuro.

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