La revolución de las mujeres científicas: todas somos igualmente sabias

La presencia de las mujeres en las ciencias ha sido una realidad desde los inicios de los tiempos. Siendo investigadoras, inventoras y descubridoras de conocimientos que han impactado profundamente  al mundo durante todas las épocas. Sin embargo, el reconocimiento, las oportunidades y el acceso a las ciencias, no ha ido en relación con sus aportes a la historia, siendo esto último profundamente desigual.

En Chile, actualmente la matrícula en áreas de ciencias de toda índole -ciencias exactas y sociales- abarca un 51,3% de mujeres según datos del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación(2020) . Paradójicamente, estas cifras no se reflejan en los campos laborales de las mujeres que pueden llegar a ocupar estos rubros. Solo un 22% alcanza puestos de dirección, lideresas o académicas.

Para quienes están haciendo la actual historia de las mujeres en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) las cifras son aún menores: solo un 30% de mujeres se matricula en estas áreas, siendo incluso menor dependiendo de la carrera específica a la que decidan entrar. 

Pero hay mujeres que nadan contra la corriente y se han destacado actualmente como científicas, jóvenes y líderes. Las redes sociales han sido cruciales para la difusión de su contenido, posicionándose como importantes divulgadoras científicas, programadoras, inventoras, ingenieras, con gran impacto. Son ellas las que hoy marcan pauta en un mundo ajetreado por las tecnologías.

Buscan impactar al mundo y crear cambios desde las ciencias, en un punto crucial donde se hacen totalmente imprescindibles para la nueva forma de concebir la humanidad. También, para inspirar a más niñas.

Teresa Paneque (23) es una astrónoma chilena, que actualmente trabaja en el Observatorio Europeo Austral (ESO) en Alemania y se encuentra haciendo un Doctorado sobre la formación planetaria. Cuenta que obtuvo su interés por la astronomía desde pequeña, potenciada por su madre .Se sumaron más mujeres durante el camino; profesoras guías y docentes, que la animaron a seguir.

“En Chile tenemos excelentes investigadores/as liderando proyectos para resolver problemas de su área. Muchos extremadamente capacitados”, comenta. Sin embargo, actualmente el Estado de Chile invierte aproximadamente un 1% del PIB en este rubro: “Queremos ver un Estado que impulse las ciencias, los proyectos y los centros de investigación científica”, sostiene la astrónoma. 

Las ciencias estelares sirven para poder entendernos mejor como humanidad. Para Tere, se están cambiando los paradigmas y el  apoyo entre profesionales mujeres ha sido la mejor estrategia.

Desde niñas para niñas

Si las mujeres científicas han tenido que atravesar un trecho para el reconocimiento, las niñas científicas se encuentran aún con más disyuntivas. Valentina Muñoz (18) es presidenta de AMUJI (Agrupación de Mujeres Jóvenes por las Ideas) que ahonda en temáticas de niñas programadoras o con acercamiento al rubro informático.

Sin embargo, esto no ha sido impedimento para generar redes: “Somos muchas y me he tenido que enfrentar con la desvalorización de mi conocimiento constantemente. Por eso decidimos unirnos entre todas”, expresa Valentina. 

Menos del 30% de los investigadores en todo el mundo son mujeres, indican datos de la agencia de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco. Créditos: Pexels.com

Para Valentina su madre ha sido su gran referente, a pesar de no ser científica, dice que es una mujer apasionada por lo que hace. Ella trabaja en una central telefónica, un día fue a verla a su oficina y justo ocurrió un ciberataque  en la empresa. En ese momento vio miles de colores y a los programadores combatiendo en gran velocidad el ataque. Le preguntó a uno que estaban haciendo: “salvando el mundo”, le dijo y desde ahí se enamoró de la programación.

Los mayores desafíos: contra el techo de cristal y el síndrome del impostor

 Para ambas, las inseguridades sobre sus propias capacidades, la lucha por los estereotipos y la falta de oportunidades, fueron grandes desafíos. El “techo de cristal” se conoce a la práctica cuando un grupo amplio de profesionales, no se traduce en los que ingresan posteriormente al campo laboral. Es lo que sucede con las mujeres.

El síndrome del impostor es el pensamiento de “no soy lo suficientemente buena en lo que hago” o como comenta Valentina “tenemos que estar constantemente demostrando cuánto sabemos, y cuán buenas somos, hay una doble exigencia, pero no reconocimiento”.

Hoy el 16% de los centros de investigación son dirigidos por mujeres, mientras que en el Fondecyt 2017 apenas el 26% de los recursos para investigación fue adjudicado a científicas, según datos de CONICYT. Actualmente se está luchando más que nunca por la igualdad de oportunidades.

Fernanda Heredia (17) es vocera del área STEM de Fundación Tremendas, una organización que potencia el talento de jóvenes con impacto social. Actualmente está en una mesa de diálogo junto al Ministerio de Ciencias, para buscar estrategias de reducción en la brecha de género en el área científica.

En las universidades del Consejo de Rectores, solo un 38% de los trabajadores con jornada completa son mujeres y apenas un 22% tienen titularidad(Fuente:CIPER) Créditos fotografía: Pexels.com

La joven expresó al respecto que: “Se debe consultar a las jóvenes científicas para implementar políticas en jóvenes que busquen igualdad”. La próxima política resulta ser un primer paso prometedor para las mujeres STEM del país. Sin embargo, el camino por recorrer está lleno de desafíos tanto sociales como de las políticas públicas, que aseguren a través de una educación equitativa las oportunidades para el conocimiento del futuro y así poder eliminar a la llamada “madre de todas las brechas”.

Valentina Luza Carrión
Estudiante de cuarto año de periodismo Udec. Nortina. 22 años.
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