Malnutrición infantil: Tasas han incrementado producto a la pandemia

Foto de Fundación Iberoamericana de Nutrición

La crisis sanitaria producida por el Covid-19 ha evidenciado los problemas gigantescos provocados por la brecha social existente en el país. Unos de ellos es la reaparición de focos de desnutrición y el aumento sostenido de la obesidad infantil, lo cual muestra claros signos de malnutrición.

Según los datos arrojados por el estudio de Juaneb, Mapa Nutricional 2020, en Chile se evidenció un aumento del 2,8% en la desnutrición infantil. Con respecto al 2019, hubo un aumento del 0,8%, el cual se atribuye al contexto sanitario vivido en el país. Las cifras expuestas reflejan una realidad vivida en miles de hogares, donde el hambre se ha hecho presente. Situación ya existente en el país con anterioridad, la cual la pandemia solamente la agravó.

Durante los últimos años se ha evidenciado un aumento sostenido en el porcentaje de obesidad en la población infantil y juvenil. Esta enfermedad representa a un 64% de la población total de los más jóvenes. Cifras que se complementan con el porcentaje de sedentarismo, el cual representa a un 54%, según datos expuestos por la Universidad de Chile.

Estas cifras preocupan a los expertos, ya que de mantenerse, se podría instaurar una inseguridad alimentaria en el país. Esto traería un aumento en los dos polos, una mayor desnutrición y obesidad en la población infantil, provocando una malnutrición instaurada.

Una enfermedad que se pensaba radicada

La llegada de la pandemia produjo el resurgimiento de una enfermedad que se pensaba erradicada. Diversos factores vividos en la sociedad chilena produjeron que se haga presente, situación que preocupa bastante en caso de sostenerse.

Entre 1960 y 2000 Chile logró erradicar la desnutrición infantil, donde las cifras variaron de un 37% a un 2,9% en niños de cinco a seis años. Durante estos años se instauró el «Programa de Erradicación de la Desnutrición en Chile», el cual contemplaba políticas materno-infantiles, las que resultaron ser exitosas. Situación adversa a la de hoy en día.

«Hambre» se reflejó en el edificio de Telefónica en la comuna de Providencia, intervención que reflejó una realidad producida por la pandemia. Aquella intervención que ya evidenciaba los problemas de malnutrición que sufría la población a falta de recursos monetarios debido a la paralización o perdidas de trabajo.

La crisis económica presente en el país ha generado que se den las condiciones para el resurgimiento de la enfermedad, la cual ataca directamente a las familias más vulnerables en el país. Antes de la pandemia la situación económica de miles de familias no era buena y la llegada de esta solo la ha convertido en peor.

Estadísticas que preocupan

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Chile es el país con más presencia de obesidad en la población infantil y sexto lugar a nivel mundial. Además, según el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), un 70% de los niños va a ser obeso en el mediano y corto plazo.

Estas cifras son alarmantes, sin embargo, son consecuencias de la adaptación de una cultura alimentaria poco saludable, la cual es respaldada por la comercialización de productos que no aportan a una mejoría nutricional de los más jóvenes.

Sumado a lo anterior, la existencia de otros factores externos a la alimentación provocan una baja o nula respuesta en la búsqueda de la reducción de estas estadísticas. El poco incentivo a la actividad física y las situaciones de encierro provocados por la pandemia hacen que el sedentarismo forme parte de la cotidianidad. Otro factor a considerar es la ansiedad que provoca estos estados de emergencia, donde muchas veces la comida forma parte de un estado emocional.

Medidas que no ayudan

Debido al confinamiento muchas escuelas pertenecientes al plan de alimentación de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Juaneb) han tenido que suspender sus clases presenciales. Tal medida produjo incertidumbre en miles de familias, ya que muchas dependen del alimento proporcionado en los establecimientos.

Ante aquel problema, el Ministerio de Educación inició la repartición de canastas de alimentos, el cual busca satisfacer las necesidades nutricionales de los alumnos por un periodo de 15 días hábiles. Este aporte suele ser escaso en miles de familias, donde el alimento proporcionado es utilizado para alimentar a un hogar.

Ante la difícil situación, se hizo inevitable la reaparición de las ollas comunes, las cuales están sustentadas a partir del trabajo comunitario de los vecinos.

En cuanto a la actividad física, la nula respuesta por parte del gobierno en crear un franja horaria vespertina hace que los más jóvenes no tengan el incentivo de querer realizarlas bajo las condiciones ya establecidas. Esto hace que se fomente indirectamente el quedarse en casa.

Los índices son alarmantes ante la inefectividad de los trabajos realizados en búsqueda de reducirlos. En caso de sostenerse, se proyecta que a futuro una gran parte de la población tendrá problemas severos de malnutrición, condicionando su salud a temprana edad.

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