La maravillosa capacidad de mover la cultura

Es conocido que Santiago no es Chile, por lo que la lucha por la descentralización de los recursos y actividades ha sido una constante durante los últimos años.

En el área de la entretención específicamente, Concepción ha tomado un paso importante al tener actividades como el festival REC (Rock en Conce) como uno de sus mayores puntos de encuentro, entretención, y de paso, de turismo dentro de la ciudad. A esto también se suma la construcción del Teatro Biobío e instalaciones previas pero momentáneas, como la Feria Internacional de Arte Popular.

Pero como es de esperar, ambos eventos son estacionales, dejando a los penquistas con vacíos entre temporadas y aportando a la falta de entretenimiento. Ante esto, se entiende que las actividades culturales no son de gusto masivo o no son la prioridad dentro de otras; pero para quienes les interesa, es tarea constante encontrar pasatiempos llamativos.

Arte, giras y bienvenidas

Es por esto que la llegada de “El Baúl de Violeta” es inesperada y muy bien recibida por los chiguayantinos, ya que esta exposición del Museo Violeta Parra en La Casa de la Cultura ha atraído al público con su didáctica puesta en escena.

María Alejandra Valdivia, encargada del recinto, explicó que esta es una idea innovadora, ya que su mayor atractivo es que juntas vecinales puedan llevar la exposición a sus comunas simplemente llenando un formulario. “Es una forma de acercar el arte a los rincones de Chile, a eso apunta la iniciativa, a pueblos lejanos”, expresó.

Primera imagen de «El Baúl de Violeta» en La Casa de la Cultura en Chiguayante. Fotografía: El Mostrador Braga.

Y es que incesantemente se ha hecho esta crítica, ya que si bien los recursos llegan a las grandes ciudades, estas no se encargan de repartirlos equitativamente, dejando a las comunas con falta de bienes y abarcando la mayor cantidad de actividades culturales.

Esta es la razón por la cual los vecinos de Chiguayante están tan felices con la visita de esta exposición. Elízabeth Herrera, residente de la comuna, define esta experiencia como un regreso en el tiempo, y no específicamente por su contenido. “Tengo 75 años, y el hecho de que esto pueda ser traído hasta acá, me recuerda mucho a cuando llegaba el circo”, explica.

Luego de haber asistido a ver la exposición, detalla que son artefactos difíciles de trasladar, y por lo mismo admira mucho más la idea de llevarlos a lugares aislados, ya que “los elementos de la obra en sí no cambian, y da a entender que esta es una exhibición digna de ser presentada tanto en la capital como aquí”.

Hay talento, faltan recursos

Para la compañía de teatro penquista La Otra Zapatilla, es exactamente esa característica la que los impulsa a buscar oportunidades parecidas a las de El Baúl de Violeta para llevar sus obras a lugares recónditos.

“Ponemos el mismo esfuerzo y dedicación para todas las presentaciones que hacemos, e incluso me atrevería a decir que cuando son poblaciones rurales o comunas pequeñas, es aún más gratificante presentar nuestras obras”, señala Monserrat Cifuentes, actriz y encargada de comunicaciones de la agrupación.

Luego de haber tenido funciones en Los Muermos (provincia de Llanquihue, Región de Los Lagos), Lolol (provincia de Colchagua, Región de O’Higgins) y Monte Patria (provincia de Limarí, Región de Coquimbo),entre otros, la compañía ha formado un ritual de luego de cada presentación, darse el tiempo de conversar con algunos de los asistentes para saber su percepción y apreciaciones.

“Independiente de que las salas no se llenen, siempre nos vamos con la satisfacción de que hicimos un buen trabajo, porque muchas de estas personas viven por primera vez la experiencia de ver teatro y eso genera un espacio de intercambio increíble”, comenta la actriz respecto a la llegada que tienen estas actividades con el público de lugares alejados de las grandes ciudades.

Presentación de La Otra Zapatilla Teatro. Fotografía: @laotrazapatillateatro en Instagram.

Así se reflejan las ganas y compromiso que hay desde las agrupaciones a tener actividades de esta índole, recorriendo el país sin que el espectador haga grandes cambios en su día a día, pero que a su vez incluya la cultura y las artes desde un nuevo plano, como algo propio y necesario.

“Una premisa de la compañía es que nuestro oficio pueda llegar a todas partes”, confiesa Monserrat, quien agrega que quieren “generar una necesidad en la gente, para que la primera experiencia sea transformadora y quiera volver a repetirse”.

Inevitablemente, a raíz de este tema surge la tan hablada y verídica necesidad del área cultural de tener un espacio definido dentro de los asuntos gubernamentales, así como también dentro de la vida de los chilenos.

Considerando que se necesitan fondos para hacer este tipo de actividades, dentro de La Otra Zapatilla se explica que “si la políticas culturales permitieran que las compañías pudiéramos girar con nuestros trabajos, generaríamos una constancia, una costumbre por querer ver y vivir más experiencias culturales”, apuntando también a que podría ser un gran aporte a la sociedad, pero no es posible saberlo si no se le da una oportunidad.

Así es como un factor tan importante para el desarrollo del ser humano como lo son las artes y la cultura queda olvidado dentro de la modernidad, privando de emociones a cientos de personas y extinguiendo una parte esencial e intangible de nosotros mismos.

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