La era de la piratería en Chile

La falsificación de productos de entretenimiento ha sido una piedra en el zapato para diversos agentes de la ley desde que existe registro. Actualmente el país enfrenta una nueva ola de piratería, una que se encuentra en cada rincón y cada esquina.

No es secreto que Chile es un país caracterizado por su alta astucia a la hora de operar en los límites o fuera del marco de la ley establecida. Y es que ya sea por “memes”, chistes coloquiales o bien mera percepción general, existe esta idea, casi como una verdad que se mantiene oculta dentro de un cascarón de risa, de que el chileno es, en efecto, una copia de algo más. 

La carencia de originalidad a nivel identitario no debiese ser nada malo, sin embargo a un nivel de autoría y reconocimiento, podemos encontrarnos con ciertas dificultades al intentar esbozar una línea entre el bien y el mal. Por consiguiente, y a nivel más específico, la piratería se presenta a sí misma como una rama de esta problemática donde un producto es falsificado o copiado con el fin de aprovecharse del valor del original. 

Chile se mantuvo en la lista de vigilancia prioritaria en 2 021 según el reporte anual respecto a las amenazas comerciales que presenta la piratería de Estados Unidos, el Special 301. Fuente: Emol.cl.

No obstante, pese a su dominante presencia, el freno a este problema son los derechos de autor. Sin embargo no como se les conoce hoy, ya que ahora mismo estos presentan una amenaza más que una solución. Ya que si bien cada territorio autónomo tiene sus propios términos y condiciones respecto a la autoría de cada producto, la globalización ha hecho que gran parte de estos apartados queden obsoletos dado su carácter unilateral. Estados Unidos por ejemplo, mantiene ajustes regulares a los tiempos delimitados de autoría extendiéndolos cada vez más en beneficio de grandes compañías. Un caso sería la ridícula extensión que le han otorgado a Disney una y otra vez en la mantención de su mascota Mickey Mouse. Quien pasaría a formar parte del dominio público el año 2 024 tras 93 años. 

Dicho esto, es lógico que países como el nuestro opten por herramientas alternativas cuando los elementos económicos presentes no pueden sostener el elevado costo que asumen otros. 

Si bien existen agentes como los servicios de streaming, quienes han facilitado la posesión de productos de entretenimiento para la audiencia, esta era está lejos de terminar en Chile. Al menos mientras las leyes de protección a los derechos de autor no sean universalmente reguladas de manera minuciosa.

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