China y el capitalismo de estado

La crítica hacia la gestión «autoritaria» del gigante asiático, se ha ido homogeneizando a través del tiempo en una mezcla de desinformación y tergiversación respecto a la historia y realidad del país. Es menester entonces aclarar el tipo de economía y gobierno que existe en China además del porqué de su afinidad marxista leninista; algo que no muchos logran comprender.

A través de los años, y con cada crisis que presenta el capitalismo o recesión en la que entran grandes países como Estados Unidos, se vuelve a hablar del papel que tiene China como el nuevo coloso en lo que respecta a las potencias mundiales. En este sentido, el mayor problema con el que se encuentra la gente es la cantidad de desinformación y falta de objetividad a la hora de hablar de la propuesta política de la República Popular.

Para comprender el lineamiento actual de China habría que primero analizar lo ocurrido en 1959. Tras el desastre que significó el Gran Salto Adelante de Mao Zedong, un miembro del Partido Comunista Chino, Deng Xiaoping, supo cómo guiar la economía del Estado Socialista hacia el futuro, rescatando así al país de una profunda crisis.

La lógica que tuvo Deng fue la de hacer ingresar de a poco el mercado privado a China, pero siempre con una visión a futuro socialista. Combinar parte del liberalismo económico con un estado que controlase los puntos estratégicos tales como la banca y la industria pesada. Esta forma de utilizar el capitalismo a favor de los intereses del Estado estuvo basada en la Nueva Economía Política, impuesta por Lenin en la URSS desde 1921 hasta 1929.

De hecho, respecto a esto, el icónico líder bolchevique escribió: «El capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con el estado actual de las cosas en nuestra República Soviética», y dejando en claro que esperaba que esta redirección de la economía solo durara un tiempo antes de afianzar «permanentemente» el socialismo en la URSS.

El llamado «Capitalismo de Estado» o «Socialismo de Mercado», es lo que mueve las maquinarias del coloso asiático que ya destronó a Estados Unidos como el puntero en cuanto a PIB. Sus bases socialistas no solo quedan en promesas de un futuro sin clases, si no en acciones y datos duros que podemos visualizar fácilmente.

Banca, transporte, telecomunicaciones e industria pesada nacionalizada, planes quinquenales que planifican la economía a largo y corto plazo, un 40% del Producto Interno Bruto del país naciendo de empresas estatales, entre otros datos nos demuestran que Xi Jinping (actual presidente) tiene clara la dirección a la que apunta el futuro de China.

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