La depresión y drogadicción en artistas del género urbano

Durante los últimos años, y de la mano de los ritmos del reggaetón, mambo y trapetón, se han lanzado al estrellato jóvenes promesas de la música chilena como Jordan 23, Marcianeke y CrisMJ. Sin embargo, hay un manto gris que cubre todas sus historias: las polémicas con drogas.

Tussi, Clonazepam y distintos estupefacientes, son solo algunas de las sustancias más repetidas en las letras de varios de los artistas más «pegados» del género urbano chileno en la última década. Quizás el ejemplo más certero para explicar este fenómeno sería el caso de Marcianeke.

Lo que al principio parecía solo una especie de «personaje» al estilo Slim Shady de los años 90’s, se fue transformando en algo más serio a ojos de todos los seguidores del reguetón chileno, y es que claramente el artista lucía más delgado, enfermo y confuso tanto en entrevistas como en sus presentaciones en vivo.

Pero este artista es solo un ejemplo de la gran camada de músicos que tienen características similares en el roast de Chile actualmente. Y es que, al final de cuentas, estas solo son las voces que expresan una realidad que se está viviendo en el país: un aumento gigante en el porcentaje de consumo de drogas químicas y de la insatisfacción con la vida misma.

No es casualidad que las drogas favoritas de estos artistas sean benzodiacepinas y opiáceos, fármacos para combatir los dolores y los trastornos tales como la depresión. Este es un fenómeno que explotó en el 2015 con raperos como Lil Peep en Estados Unidos y de la mano del cloud Rap y el trap.

La idea de los artistas norteamericanos era subir sus canciones a servicios como Soundcloud con letras que hablasen sobre la depresión, las drogas como escape y la violencia de las calles. Esa misma lógica abordan los famosos artistas del momento en Chile, pero con un ritmo mucho más apegado al reggaetón y mambo que al rap.

Mucho se ha hablado sobre prohibir sus canciones en lugares públicos, pero poco se ha hecho por analizar el porqué del éxito casi inmediato y del apego de la juventud con estos nuevos artistas. Además, cabe destacar, tampoco se ve una preocupación legítima por la recuperación y rehabilitación de estos jóvenes.

Lo idóneo, ante cualquier cosa, es que sus carreras no se vean tristemente truncadas por sus adicciones y trastornos, como pasó en su momento en Norteamérica con nombres como Juice Wrld o Lil Peep.

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