Radios comunitarias: actrices silenciosas

Hasta el año 2020 existían 390 radioemisoras ciudadanas, número que realza su importancia.

El 19 de agosto del 2022 se cumplieron 100 años de los inicios de la radio en Chile. Un suceso celebrado integralmente desde muchas áreas como la ciencia o la comunicación. Sin embargo, distintas organizaciones, medios e, incluso, autoridades pusieron énfasis en la situación actual de las radios comunitarias. Por ejemplo, en una reunión realizada por la Universidad Católica Silva Henríquez, donde fue invitada la alcaldesa de Santiago, Irací Hasler, se  conversó acerca de la importancia de las radios comunitarias ya que estas ‘permiten diversidad de voces’, indicó la edil. ¿Qué está pasando con estas herramientas? ¿aún sirven? Esto y más en este reportaje que busca conocer tan poco reconocido trabajo.

Carmen Melo y Ana Luisa Jofré son dos pobladoras de Pedro del Río Zañartu en la periferia del centro penquista. Se levantan temprano -de lunes a viernes- para informarse de las noticias más importantes del día, así como también, para ir revisando mensajes de los habitantes de la población en la radio ciudadana Espacios. Es un hábito casi religioso según he conversado con ellas puesto que se toman muy en serio su posición de comunicadoras. Y, más aún, su rol en la sociedad y su comunidad.

No obstante, el panorama es desalentador para ellas. “Nos hemos perdido personas que puedan pagar mucho más que los vecinos. No es que esto se trate de dinero. Pero hace falta mucha ayuda y los vecinos no siempre pueden”, comentan ambas comunicadoras al respecto de la imposibilidad de contar con publicidad pagada. Esto ya que las radios comunitarias funcionan a base de patrocinios acorde a la ley 20.433 -año 2010-. Es más, solo pueden recibir aportes de personas que vivan en su comunidad, lo que complica aún más esta situación. 

Las radios de mínima cobertura nacieron en enero de 1994 bajo la Ley General de Telecomunicaciones 18168, siendo reemplazada el año 2010 por la Ley 20433. Foto por Matías del Río.

“Es difícil poder capturar a la gente. Por ejemplo, radio Bío Bío llega  a todos los hogares, tienen un horario continuado. Nosotras nos vamos y ya no hay nadie. Entonces la gente prefiere otras radios. Y es porque nos falta gente que nos ayude, apoyo más directo”, relata Ana. Asimismo, agrega que sería útil poder contar con la ayuda de las escuelas de periodismo como las de la Universidad del Desarrollo, la Universidad de Concepción o la Universidad Católica de la Santísima Concepción. ‘Como que te cortan los brazos’, agrega Carmen. “Si no fuera por el trabajo que hacemos nosotras esta radio estaría muerta”, termina tajantemente mientras mira al horizonte.

La función social de las radios comunitarias

“La realidad es muy distante a lo que es una radio con fines de lucro. Tu trabajas con sectores muy específicos, los cuales no muchas veces tienen la oportunidad de expresar lo que quieren, lo que sienten porque no tienen otra alternativa” comenta Jorge Castillo, locutor de la radio Chiguayante.cl y quien, además, estuvo 15 años trabajando en la radio Bío Bío, uno de los medios masivos de comunicación con más presencia en el país.

“Es una tremenda injusticia con las radios ciudadanas. Tienen que postular a proyectos o, en definitiva, pedir aportes a pequeños comerciantes del sector. Sobreviven con rifas y bingos para pagar luz, mantención y otros. Es muy complicado”, sigue relatando Castillo. Algo no muy distante a lo que se conversó en Pedro del Río, en la radio Espacios.

En un principio, las radios comunitarias estaban a cargo de las municipalidades. Después de la entrada en vigencia de la segunda ley se prohibió que el gobierno local se hiciera cargo. Foto de Pxhere con licencia CC.

Bajo la misma línea anterior se encuentra David Valdebenito, presidente del Círculo de Locutores Amigos del Micrófono. “Las radios comunitarias se financian, básicamente, por aportes de sus instituciones bases (Juntas de Vecinos, grupos culturales, deportivos, religiosos). Algunas, además, con el pago de cuotas y de aportes de terceros. Otros se las ingenian para postular a fondos públicos a través de subvenciones, rifas, bingos y todo tipo de actividades creativas”, comenta el dirigente.

Y es que algo que comentaron todas las personas entrevistadas para este reportaje, es el atraso en materias legislativas para hacerle frente a un panorama desolador. Las radios comunitarias siguen presentes pero se están escuchando cada vez menos. Sin embargo, su rol social sigue igual de latente.

“Nacen para entregar información, canalizar ideas de la comunidad. Las transmisiones radiales comunitarias son fuente de interrelación territorial, de diálogo social, prevención. Esto ha permitido optimizar acciones y dar sentido a distintas políticas sociales, gubernamentales y municipales”, recalca David cuando se le pregunta acerca de la función que tienen estas instituciones. “Estas benefician a las personas. No solo proporcionan programas o servicios de información, sino también entregan espacios importantes que la comunidad realmente lo necesita”, opina Castillo en concordancia con su colega.

Ahora, cómo le hacemos frente a tal situación, le pregunté a David. “Debe, en mi opinión, abrirse a la posibilidad de financiamiento a través de la publicidad. Quizás con limitaciones del tipo de productos que no sean tabaco, alcohol, política, pero que sea una posibilidad real de financiamiento y posterior desarrollo de los medios. Igual podría permitirse la asociatividad de este tipo de medios. Por el sólo hecho de ser comunitarias deberían tener prioridades de postulación a los planes de publicidad del estado y sus programas sociales”. Jorge no dista mucho de lo expuesto por Valdebenito.

En adición, otro problema -que sigue guardando relación con la falta de legislación y la competencia con las grandes empresas periodísticas- es que muchas de las bandas para radioemisión son adquiridas por grandes empresas, lo que impide aún más que estas logren participar en un mercado sumamente competitivo.

Un problema que se pudo evitar

Precisamente, frente a este escenario surgen algunas problemáticas que podrían ser solucionadas si se mejora la legislatura al respecto, poniendo énfasis en el carácter comunitario de las radios ciudadanos y el rol que cumplen en su territorio.

Gonzalo Rivas es enfermero y se crió en el sector Lorenzo Arenas, en Concepción. Con una fuerte identidad territorial y una gran motivación social, Rivas quiso ser parte de la radio que lleva el mismo nombre del lugar que lo vió crecer. “Tengo un sentimiento de pertenencia por mi población que me hizo participar activamente en las organizaciones sociales y comunitarias del sector. En el año 2016 lancé el proyecto radial En la Corte del Rey Carmesí,  un programa de música enfocado en estilos con muy poca difusión en la radio tales como el rock progresivo, psicodélico y jazz”, explica Gonzalo.

Según Gonzalo Rivas, ex miembro de la radio Lorenzo Arenas, el gran problema con esta radio es que ‘se perdió su enfoque comunitario. Fotografía por Resumen.

Dicha motivación la acompañó con un amigo músico y otro periodista. Sin embargo, rápidamente Rivas fue encontrando problemas. Como se mencionó anteriormente, muchas radios dependen de organizaciones de base. En este caso, tras la radio Lorenzo Arenas existe una organización sin fines de lucro que administra el espacio. No obstante, según relata Gonzalo, se transgredieron principios que no coinciden con el carácter comunitario de la emisora.

“Me dijeron que todo era por el amor al arte, es decir, sin dinero de por medio, pero lamentablemente esto no era así. Todo el directorio se encuentra contratado por una ONG en la que ellos mismos participan. Es una lástima que una radio que dice ser comunitaria solo sirva para generar dinero a unos pocos. Pedí ingresar como socio a la radio para poder postular como director de la radio pero no me permitieron ingresar. A fin de cuentas generaba contenido de calidad y gratis a personas que ganaban dinero a costa de mi trabajo”, aclara el enfermero.

Respecto a lo anterior, y según lo conversado con el involucrado, esto se pudo evitar si existiese una ley que permita que las radios ciudadanas cuenten con un tipo de financiamiento directo como la publicidad para no tener que depender de alguna organización que guié, a su manera, la editorialidad del medio. Esto ya que lo anterior no coincide con el carácter social que tienen las emisoras comunitarias y que, según las propias personas que trabajan en esto, tienen un rol importante para dar voces a aquellos que no tienen.

Entre tanto queda esperar a que las distintas agrupaciones se hagan escuchar y logre, en el mediano plazo, hacer un cambio en las leyes que engloban la actividad radiofónica, especialmente de aquellas que en este momento se sienten abandonadas tanto por el estado, las audiencias y las academias de periodismo.

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