Reseña | Un monumento histórico donde recorrer la memoria del Carbón en cada una de sus salas

Ubicado en uno de los cerros de Lota Alto, el Pabellón 83 conserva y expone el patrimonio productivo de Lota y la Cuenca del Carbón.

Hace unos años tuve la oportunidad de conocer a Juan Torres, periodista encargado de la unidad de patrimonio de la Fundación CEPAS, organismo a cargo del Centro Cultural Comunitario, Monumento Histórico Pabellón 83. Un edificio donde durante el siglo XX habitaron familias mineras que trabajaban en los distintos piques de la ciudad de Lota. El contexto en el que conocí a Juan, fue precisamente para visitar el pabellón y cooperar en planificar la conmemoración de un hito histórico relacionado al trabajo del carbón.

Imaginé que visitaríamos una infraestructura con las características de un sindicato de trabajadores o bien un centro cultural más bien moderno, con estructura de cemento, como es habitual en los tiempos que corren. Para mi sorpresa, entraría a un lugar del que siempre oí hablar de niño a los hombres y mujeres de mi Curanilahue natal.

Su frontis hecho de maderas rústicas con aspecto añoso, no tiene parecido alguno con el bello y luminoso interior.

El Pabellón 83, se ubica en Benjamín Chau Machuca S/N. Sector Fundición.
Fotografía: Consejo de Monumentos Nacionales de Chile.

En el nivel más bajo del edificio hay un museo con ladrillos refractarios y cerámica proveniente de la fábrica instalada por Matías Cousiño a mediados del siglo XIX. Por la entrada principal, las oficinas administrativas y una sección de archivo que recopila la historia asociada a Lota y el Carbón: literatura, documentos académicos, actas, entre otros. 

Al subir la escalera, bellas pinturas que llevan a una sala que suele tener exposiciones de arte en pintura, donde ensaya una pequeña y aplaudida orquesta de cámara. Iniciativa propia del pabellón. En el mismo nivel una sala de reuniones que recibe distintas jornadas de trabajo y más arriba otra de las mismas características, pero con distintas estaciones que cuentan la enorme, dolorosa y sacrificada vida de los habitantes de Lota.

Todo este recorrido que describo, suena mucho más interesante y entretenido de la boca de Juan Torres, que guía narrando acerca de cada rincón del lugar. Mi lugar preferido: una terraza muy pequeña tras la puerta al final del primer piso que da al mar. Donde se respira la misma brisa marina que las familias mineras de hace cien años, con el mismo atardecer que miraban los niños y niñas esperando a su padre volver del turno.

Recomiendo visitar y empaparse de la historia que movió energéticamente al país hace no tanto tiempo. Les encargo saludar a mi querido amigo Juan de mi parte.

Por: Nicolás S. Antileo.

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