Ansiedad y depresión en jóvenes universitarios: la diferencia generacional frente a los mayores

Los problemas de salud mental entre los chilenos, especialmente en aquellos que cursan educación superior, son más comunes de los que se cree. Diversas investigaciones demuestran que un alto porcentaje de la población sufre tal tipo de trastornos. Desde las ciencias sociales, la visibilización de este fenómeno recién está comenzando a normalizarse, ya que en generaciones antiguas se consideraba como un tema tabú.

Por Valentina González y Raimundo Jury

Los problemas psicológicos y/o psiquiátricos demuestran una falencia grave en nuestro país. Según la Sociedad Chilena de Salud Mental, un 23 % de la población total sufre un trastorno evidenciable, de los que solo un 20 % de ese porcentaje tiene acceso a un tratamiento formal. Además, el 80 % de los compatriotas presenta síntomas de enfermedades que no han sido diagnosticadas. 

De acuerdo con un artículo publicado por BioBioChile en junio de este año, investigadores del Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes junto con la Universidad de Talca y la de Los Andes realizaron una encuesta donde participaron cinco mil estudiantes de diferentes carreras. Los resultados arrojaron cifras preocupantes, pues de todos quienes respondieron, el 54 % indicó tener altos índices de estrés, el 37 % padece de sintomatología asociada a la ansiedad y el 37 % a la depresión. Otros porcentajes que encienden las alarmas corresponden al 32 % de la muestra que sufre de insomnio y el 20 % riesgos suicidas.

Según una encuesta realizada por BioBioChile, uno de cada cinco chilenos se siente solo, aislado o con falta de compañía.
Foto: Andrew Neel.

Padecer algún trastorno complica la vida de estas nuevas generaciones; lo que se evidencia en lo informado por el psiquiatra y exdirector del Departamento de Salud Mental del Minsal, Matías Irarrázaval, en la revista RT del INJUV, en agosto de 2019: “Los adolescentes y jóvenes con alguna enfermedad sobrellevan una doble exclusión: su juventud y su malestar psicológico, siendo este último el que los hace más vulnerables”. En la misma edición se vertieron otras opiniones, las que siguen puntos de vista similares. “Estamos acostumbrados desde pequeños a que la meritocracia es lo único que nos valida, esta nos mantiene siempre bajo la presión de cuánto, cuándo y cómo debemos cumplir para alcanzar los cánones que actualmente se consideran exitosos”, reflexionó el centro de estudiantes de arquitectura de la Universidad de Chile.

La importancia de la salud mental en los universitarios del presente

En las generaciones actuales, acudir a consultas de salud mental frente a la presentación de sintomatología es algo recurrente. Incluso, está bien visto entre las personas más jóvenes. Como se mencionó anteriormente, la depresión y la ansiedad son dos enfermedades frecuentes en los estudiantes de la educación superior. 

Una causa muy repetitiva del fenómeno es el estrés que conlleva cursar una carrera universitaria, ya que puede facilitar el desarrollo de trastornos relacionados. Así lo experimentó la exestudiante de arquitectura, Javiera Catrileo (24), quien a mediados de 2019 decidió suspender su estudio porque sentía que no era de su agrado. Sin embargo, la carga académica también fue un factor importante, debido a que, según destacó, no dormía por las noches para dedicarle tiempo suficiente a sus proyectos, los cuales eran evaluados negativamente por los docentes. Frente a su frustración por no mejorar, comentó que no quería estar toda su vida así. “Busqué ayuda después de congelar; primero fui al psicólogo y luego al psiquiatra. El último solo me dio pastillas y no entendió la razón por la cual me había retirado. La psicóloga sí me ayudó, pues me aconsejó (…) En realidad, fui poco a la consulta, pero siento que pude sobrellevar la situación de manera adecuada”, aseguró Catrileo. 

La psiquiatría es tan importante como cualquier otra especialización médica, sin embargo, no siempre es entendida por los progenitores. Maite Bustos (23), estudiante de bioingeniería en la Universidad de Concepción afirma que por el estrés y ansiedad generada por la presión académica, en cierto punto se vio sobrepasada. “Al inicio traté de contarles a mis padres que necesitaba ayuda diciendo que no me sentía bien, pero ellos solían bajarle el perfil a la situación, acusando que no tenía nada malo y que podía seguir mi carrera de manera adecuada (…) Con el apoyo de mi hermana pude ir a una consulta psiquiátrica. En estos últimos meses he mejorado muchísimo y, en realidad, se lo recomendaría a todas las personas, por el motivo que sea”. Bustos cierra con una reflexión: “Las cosas no se mejoran de inmediato, pero es un proceso que trae resultados”. 

Conforme a un artículo de Ciper Chile, los trastornos mentales y de comportamiento se posicionan en el primer puesto de licencias otorgadas en el país desde el 2008.
Foto: Polina Zimmerman.

Generaciones mayores y la psicología: ¿sienten que es necesario pedir ayuda?

El cambio de paradigma que existe frente a la asistencia a profesionales de salud mental es totalmente diferente entre quienes son hoy progenitores y los actuales jóvenes universitarios. En el pasado, era común que optar a un tratamiento con expertos del área resultaba complicado y extraño, tanto por el desconocimiento del campo laboral y los prejuicios en torno a ese tipo de procedimientos médicos como por el costo de atención. Aún cuando los estudiantes de educación superior de aquellos tiempos sentían síntomas de cansancio psicológico, acceder a las consultas era algo para un público limitado. 

Sandra Sepúlveda (57), profesora de educación básica, se vio en la obligación de congelar sus formación en 1987, cuando se encontraba cursando el tercer año de la carrera en la Universidad de Talca. En este sentido, afirmó que sus motivos de suspensión fueron el estrés severo causado por las paralizaciones por parte del estudiantado. “Dado que no existía la posibilidad de poder acudir a un profesional de la salud como psicólogo o psiquiatra en mi casa de estudios, mis padres me buscaron ayuda externa. La situación me llevó a seguir un tratamiento con medicamentos, por ejemplo, Gamalate, pastillas para dormir y otros que no recuerdo”, aseguró.

En décadas pasadas -y actualmente entre la gente mayor- la salud mental se mantenía estigmatizada, así lo comenta la psicóloga Jennifer Miranda. “Una persona que presentaba síntomas de ansiedad o estrés se lo tomaba como algo sin importancia o pasajero y, por lo general, se evitaba. Quien recurría a un profesional -comúnmente a un doctor, ya que no existía una amplia cobertura de expertos del área- se le categorizaba como un ‘loco’. En la actualidad podemos presenciar cómo este tipo de autocuidado es aceptado y visibilizado mayormente por las y los jóvenes”.

La brecha generacional

El cuidado mental se puede definir desde varios aspectos. No obstante, las perspectivas suelen cambiar por la diferencia de edades existente, ya que durante mucho tiempo hablar sobre el bienestar emocional y hacerse cargo asistiendo a un psicólogo o psiquiatra era un tema tabú. Según la antropóloga Fernanda Zamorano, “es necesario comprender que las generaciones mayores a 40 años crecieron en una época de autoritarismo y poca apertura a temáticas de buen vivir social, donde la violación a los derechos humanos era algo normalizado y los índices de pobreza eran muy elevados. En este sentido, para las clases sociales menos acomodadas, las principales preocupaciones familiares se relacionaban con la supervivencia en términos materiales, es decir, poder comer y vestirse”.

Las diferencias de formación y crianza son uno de los puntos claves. El sociólogo Octavio Carrasco indicó que la humanidad antes era moldeada por métodos más violentos. “A fin de cuentas antes se inculcaba que el carácter se formaba por la fuerza. En aquel entonces, una situación adversa no podía destruirlos, pues eso solo demostraba que eran débiles, lo mismo sucede con el pedir ayuda”, aseveró. Por el contrario, los grupos humanos con el paso del tiempo tienden al cambio, al igual que las opiniones respecto a su salud mental, ya sea por las épocas en las que están insertos o por la misma evolución que ha tenido la sociedad. 

De acuerdo al Diario de la Universidad de Chile, la depresión severa aumentó en un 27.6 % durante el 2020.
Foto: Karolina Grabowska.

Actualmente, los jóvenes han visibilizado la relevancia de asistir a terapia y abordarla con responsabilidad, pese a que desprenderse de los estigmas sociales no es tarea fácil. En definitiva, aquellas personas que se encuentran en la etapa de la juventud tienen mayor apertura al cuidado mental que sus progenitores. Otro punto que es de suma importancia a considerar es la inserción de las tecnologías en la vida de los chilenos. 

De acuerdo a la antropóloga Daniela Tobar, el trabajo que se ha hecho en relación al estigma que hay sobre la terapia ha ayudado a que las nuevas juventudes lo reciban de manera más abierta frente a las generaciones de sus propios progenitores. “Las comunicaciones y las redes sociales igual han cumplido un rol importante frente a este fenómeno, puesto que la gente se ha visto propensa a compartir parte de su vida privada con más usuarios, en este intercambio de información se han evidenciado realidades comunes respecto a la necesidad de atención psicológica”, afirmó.

“Parte de las relaciones sociales son causantes de la normalización de las nuevas generaciones. Se comparten las vivencias y problemáticas públicamente y los jóvenes se acompañan de eso”.

Valentina Silva, trabajadora social.

Tras la visibilización y normalización de asistir a terapia o centros de ayuda del área, hoy en día existen mayores facilidades para acceder a posibles líneas de acción y a especialistas. Sin embargo, Chile continúa con un déficit en el financiamiento del cuidado mental, con tan solo un 2 % de su presupuesto total en salud, en comparación al promedio mundial.

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