«La colina de las amapolas»: una alternativa de Studio Ghibli

A la hora de conversar sobre películas de Studio Ghibli se suelen citar filmes como Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro o durante el último tiempo la galardonada El chico y la Garza, este no es el caso. Cortando con la tendencia social de referirnos a la cinematografía más popular del famoso estudio japonés traigo a colación La colina de las amapolas. El resultado es refrescante mediante el aporte de un nuevo elemento a las ya monótonas conversaciones.

Desde las influencias de los paisajes de un Japón campestre de los años sesenta durante la posguerra, hasta un incipiente romance escolar, La colina de las amapolas contiene nostalgia como su quintaesencia. 

Un relato que atrae a todo aquel que se decante por su observación, llevándolo en un viaje que recorre las vivencias de Umi y Shun. Dos adolescentes con historias de vida que se entrelazan debido a su asistencia a la misma institución educativa. Más tarde se verane envueltos mediante lucha por la conservación de la casa club, lugar en que Shun participa del club periodístico. Así también se enfrentan a sus propios dramas familiares y revelaciones de su pasado que conforman un obstáculo en su relación. 

Alejada de la fantasía y referencias al folclore japonés características del estudio cinematográfico, la trama mantiene a la audiencia en un estado de alerta mediante una historia poco ortodoxa. Repleta de drama y con un giro argumental digno de una telenovela. Sostiene la expectativa de una solución antes del término de la película, algún recurso que permita al par lograr ser felices a pesar de todo. Es atendiendo a esta ilusión que de alguna forma la cinta logra tener un significado mágico sin alejarse de la premisa realista, cumpliendo su objetivo.

Top