La historia de un profeta inútil

Daniel Johnston se transformó en una leyenda dentro del underground estadounidense. El atormentado compositor se transformo en un símbolo de lo independiente e influyo a artistas como Kurt Cobain y Beck Hansen.

La primera vez que oí a Daniel Johnston sentí que estaba frente a algo genuino. No tarde en obsesionarme con el enigmático personaje que resultó ser el compositor estadounidense. Con letras tan desgarradoramente hermosas y trágicas me conmovió, sensación que siempre me embarga al escuchar sus canciones.

En mi búsqueda por conocer más sobre el hombre que derritió mi corazón con sus emociones desnudas, encontré un fascinante documental dirigido por Jeff Feuerzeig. La biopic titulada The Devil and Daniel Johnston fue una invitación a sumergirse en la profunda y emotiva historia del compositor estadounidense.     

El uso de películas caseras y cintas de casete grabadas por el propio artista enriqueció el relato visual que el director norteamericano plasmó en pantalla. La honestidad e inocencia encausadas por la genialidad, los tormentos y la creatividad artística son algunos de los rasgos que podemos apreciar en el maníaco compositor desde primera instancia.

La etérea línea que divide la cordura y la locura en la mente de Johnston se cruza con el trastorno bipolar y la esquizofrenia que padeció a lo largo de su vida. Sin embargo, esta misma locura fue la que potenció su necesidad de generar arte, entregándonos creaciones sinceras y auténticas.

Daniel Johnston grabo en su sótano y dibujo a mano las caratulas de sus discos. Cortesía de: Filter Mexico.

Feuerzeig en una exacta recopilación y montaje de los hechos, nos muestra un fiel reflejo de los momentos que marcaron la vida de Daniel, además de un íntimo retrato desbordado por la imaginación de su protagonista. Un músico que apenas emitía un par de acordes desafinados en la guitarra acústica que no sabía tocar, una corporalidad nerviosa, una voz aguda y desafinada que llegaría a transformarse en un ícono de la música folk y la pintura moderna durante los años 80.

La ausencia de miedo ante la muerte, el nihilismo, el infierno que fue su existencia en la tierra y la figura del diablo, fueron parte de sus manías y oscuras obsesiones. Su adicción a las drogas y los delirios que sufría lo sumía en episodios paranoicos y descontrolados, por lo cual muchas veces debió ser internado psiquiátricamente.

Pero su arte no era infernal. Era esperanzador y basado en el amor, con canciones y superhéroes que combatían las fuerzas oscuras. La trascendencia no se busca, simplemente se obtiene, y en tan solo 110 minutos Jeff Feuerzeig evidencia porque Johnston se transformó en un ejemplo de brillantez y locura para el mundo.

Top