¿Mamá, qué me tomo para el resfriado?: el desafío de aprender a ser adulto Salud SociedadPor Paola Barrientos Díaz - 12 abril, 2024 Enfrentarse a la vida adulta es un proceso que necesitaría un extenso y detallado manual, que para el pesar de muchos jóvenes no existe. Matemáticas, Lenguaje, Química, Física e Historia, son asignaturas que componen todos los planes de estudio de educación básica y media. Sin embargo, no estaría de más un curso sobre resfríos y cómo enfrentarlos, o cinco claves para ir a la notaría y no morir en el intento. Tampoco estorbaría una capacitación en elección de verduras o alguna infografía de cómo evitar que se te pegue el arroz. Son muchos los conocimientos necesarios para poder ser un adulto que logre al menos mantenerse vivo a sí mismo. por mucho que mamá haya explicado cómo tomar la micro y papá diera sus mejores tips para que no se tape el lavamanos, la verdad es nadie enseña a ser un adulto. El inicio de la adultez varía para cada persona, pero salir del colegio es normalmente el pistoletazo de salida al mundo real. Cada año miles de jóvenes entran a universidades e institutos profesionales tras recibir su titulación de media, para el 2023 Chile contaba con 1 341 439 estudiantes de educación superior. Cifra en la que cada cómputo representa a un niño aprendiendo a ser adulto. Primeras veces La anhelada independencia no siempre es tan dinámica y entretenida como se imagina, trae muchas más tonalidades de beige de las que pinta un adolescente en su ideal. Bien lo sabe Sebastián Lepe, un chico de Los Ángeles que este año llegó a Concepción para estudiar Ingeniería Civil en la Universidad del Bío-Bío. Había quedado en su carrera preferida, pero no sabía que cumplir metas trae papeleo: “Tuve que ir a la notaría antes de la U, y no estaba preparado, no cachaba nada, me dejé llevar por lo que me dijeron allá (…) El guardia me ayudó harto”, dijo entre risas. Agregado lo anterior, Sebastián comentaba que no solo la parte administrativa de la adultez era retadora. Sino también la falta que le hace su familia, sobre todo su hermana Sofía o Popi como le llaman cariñosamente. “En verdad es raro, como que me hacen falta, pero igual yo estoy empezando a hacer mi vida y la de ellos tampoco se detiene po”, reflexionó. Otro aspecto poco comentado de crecer es cómo todos pueden convertirse en una visita en su propio hogar. El champú no aparece mágicamente Camila es estudiante de tercer año de Psicología en la Universidad San Sebastián. Créditos imagen: Camila Ibánez. Ser adulto no solo implica enfrentar nuevas tareas y labores, también descubrir verdades del diario vivir. Así lo relató Camila Ibáñez, una joven de 21 años que vive lejos de su casa desde el 2022 cuando llegó a estudiar a Concepción “Hay cosas que tú asumes que están ahí, y luego descubres que es tu responsabilidad que el champú aparezca”. El mayor desafío para ella, al igual que para muchos otros, no ha sido asistir a clases, sino cuidar de sí misma. En la misma línea, la estudiante de Psicología confiesa que, aunque siempre ha sido organizada y responsable, hay muchas más cosas de las que debe hacerse cargo ahora “El hecho de no solo tener que ocuparme de mi pieza, tener que hacer mi comida pensar en qué me falta para comprar ha sido un reto igual”, recalcó. También comentó lo ansioso que fue empezar a hacer trámites o asistir a citas médicas sola “Te llega la hora y no sabes cómo entrar o a quién hablarle, en ese sentido te llevan a los lobos”. Un proceso nostálgico Está claro que aprender a cocinar, tener que limpiar, despertar a tiempo, ir al dentista o al médico, es algo difícil y retador, pero no lo más complejo de realizar. La adultez viene acompañada del desprendimiento del núcleo que te recibió en el mundo y ha cuidado de ti siempre. Bastián, o Urra como lo llaman sus amigos en referencia a su apellido, no se había atrevido a irse a otra ciudad a estudiar y asumir la adultez más abruptamente como la mayoría de sus amigos y conocidos. Bastián junto a sus dos hermanos mayores y su mamá, en su casa de Los Ángeles. Créditos imagen: Nicolás Urra. Sin embargo, este año decidió iniciar su propia aventura. “Soy el tercero de mis hermanos, pero el primero en irme de la casa”, explicó además de destacar que nunca le había tomado el peso emocional que venía con estar lejos, dado que es su primera vez sin su familia. “Pensé que no sería tan duro porque vivo con gente conocida en la que confío, pero los necesito y los extraño mucho”, aseguró Bastián. Destaca las responsabilidades que ahora solo recaen en él, y todo lo que ha aprendido en tan poco tiempo. En dos meses se ha hecho mucho más consiente de la cantidad de cosas que solían solucionar sus padres para él y sus hermanos. “Desde algo tan simple como destapar un baño, o despertarse bien a la hora, la comida, son todas cosas que nunca me enseñaron. Creo que es superimportante inculcar desde pequeños a aprender a cuidarse solos”. Lo peor también puede ser lo mejor Antes de ser adulto, la mayoría sueña con serlo, poder mandarse a sí mismos, que nadie les diga qué hacer o por dónde andar, qué comer o cuando dormir y levantarse. Aparentemente, todas suenan como ventajas. Pero ¿son ventajas o precisamente la parte más difícil de esta transición? La verdadera recompensa en este viaje no es poder hacer todo lo que se desea, sino aprender y ser consciente de que la adultez es una asignatura autogestionada y con pocos apuntes, en la que cada persona debe ser su guía y su profesor.