La amnesia de Chile

El pacto silente entre militares y la clase política ha censurado la historia. Pero tras el velo de la desmemoria que cubre el país, el recuerdo aflora en espacios de expresión que pocas veces tienen cabida.

El gran entramado de la memoria se articula como los hilos se aferran al telar. Conectar pasado y presente en esta estrecha franja de tierra, ha sido la labor imperiosa que muchos de los que habitaron Chile, transitoriamente por el fascismo militar, asumieron.

El territorio nacional alberga un profundo desinterés por resguardar aquellos recuerdos históricos ajenos al asado de cada fiesta patria. Apatía que emana no solo desde la institucionalidad, sino también desde sus habitantes.

Mas, hay quienes “viven en obra”, diría la difunta pintora chilena de origen español, Roser Bru, que evocó en su arte un espacio de memoria y resistencia. En ese sentido, no es sorpresa que sean los artistas quienes, tan subversivos como ellos pueden ser, se opongan al sistemático dictamen que demanda el olvido.

Autorretrato de Roser Bru sosteniendo una fotografía del cantautor chileno asesinado en dictadura, Víctor Jara. Cortesía del sitio web de Roser Bru.

No todo tiempo pasado fue mejor, ya lo anticipaba Spinetta. Pero tal vez optar por las palabras de Sabato sea lo más preciso, ya que “me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y, así, casi podría decir que todo tiempo pasado fue peor, si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado”.

Lo expresado por el autor argentino, no deja de ser irrisorio al plasmar el mal déjà vu que es Chile, plagado de quienes se niegan a aprender del pasado, generando así, muy pocas esperanzas para el presente.

 Las calles repletas que vitorean las mismas consignas de 30 años atrás, la violencia y represión policial que siembra las calles, las injusticias escondidas en productos sacados a crédito directo del cuento de hadas neoliberal, solo repite las agrias y grises postales que el legado de la dictadura militar dejó en el país.

Es en medio de las penumbras que emergen los recuerdos, anclándose con su amplio bagaje que permite reencontrarse, rememorar y denunciar. De modo que, preservar, construir y honrar nuestra memoria colectiva emerge como la cura a la herida abierta, de quienes aún sufren los estragos del golpe.

Porque “un país sin memoria, es como una familia sin álbum de fotografías” ha dicho más de una vez el documentalista chileno Patricio Guzmán, quien ha materializado y experimentando en su propia piel, la profunda y poderosa resistencia al olvido. El compromiso con la historia y las propias vivencias se tornan así, la más poderosa forma de combatir la injusticia y la indiferencia.

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