Democracia digital: un desafío en la era de la información EntrelíneasPor Patricia Olave - 13 diciembre, 2021 El avance tecnológico y los cambios constantes que experimenta el tejido de la sociedad alrededor del mundo, han creado nuevos espacios y herramientas para hacer política. Así, en plena era digital, se ha llegado incluso a replantear la forma de organización del Estado más promovida en todo el orbe: la democracia. ¿Será posible que la innovación esté abriendo espacios virtuales para ella también? Chile atraviesa actualmente una intensa carrera presidencial que, en su primera vuelta, estuvo marcada por un fenómeno muy particular protagonizado por Franco Parisi, el candidato del Partido de la Gente. Y es que, sin poner un pie en Chile –pues se encuentra con una orden de arraigo nacional, debido a una deuda de pensión alimenticia que supera los 200 millones de pesos- y con una campaña basada solo en lo digital, el economista logró posicionarse en el tercer lugar, con un total de 869 796 votos. Así, evitando los medios de comunicación tradicionales y debates, buscando precisión en las redes sociales para llegar al votante objetivo y sosteniendo una comunicación directa con sus adherentes, en ambos sentidos, Parisi demostró haber dimensionado y comprendido bien el fenómeno digital en política. Estos resultados y la irrupción del Partido de la Gente, que también ingresó al Congreso con representantes, han sido presentados como una experiencia pionera de democracia digital en Chile. Así, expertos se han atrevido a sostener que, actualmente, la tecnología moldea el tono que tendrá la conversación y decisiones democráticas, cambiando incluso las prácticas que la ciudadanía y la política han tenido durante años. Franco Parisi pasa a Sebastián Sichel, quien fue uno de los candidatos más fuertes a inicios de la campaña. / Gráfico de AFP. El sistema democrático instaurado en Chile no se estructura en torno a la participación directa, sino a la delegación. Son los ciudadanos quienes conceden su potestad de opinión a representantes electos, siendo el Congreso el poder del Estado de referencia en este sistema. Sin embargo, los datos apuntan a otra cosa: el último Estudio Nacional de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos (CEP) arrojó que solo un 8 % del total de encuestados confía en el órgano legislativo y sus representantes. Entonces, ¿es esta forma tradicional la única para hacer política? ¿O la tecnología está abriendo nuevos caminos? Democracia tradicional en crisis El concepto de democracia digital, aun cuando parece novedoso, se lleva utilizando hace más de dos décadas para referirse al uso de herramientas digitales en los procesos democráticos. Sin embargo, este no es un término homogéneo y consolidado, que pueda ser interpretado por todos de la misma forma. Para tratar de comprenderlo con mayor profundidad, es necesario entender primero qué es la democracia. El historiador, académico y profesor de derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Guillermo Rojas Sánchez, explica que “sectores muy importantes de ciudadanos estiman que (la democracia) es ejercer todos y cada uno de sus garantías fundamentales, es decir, vivir dentro de un Estado de Derecho, participar activamente en las decisiones políticas y recibir protección judicial”. Analizando la evolución de este sistema político, Rojas advierte que la participación y transformación social, a lo largo de la historia de Chile, ha demostrado una involución en los últimos años. “Se participa poco -menos que hace 50 años- por las vías formales del sufragio, de las reuniones y de las asociaciones, sobre todo de la opinión en los medios formales de comunicación”, sentencia. De esta forma, tratar de entender qué ocurrió con la sociedad y sus formas de involucrarse con el país, resulta sustancial para entender lo que está pasando hoy en día con las democracias. Gonzalo Cordero, quien es abogado, analista político y actual integrante del directorio de TVN, considera que “internet y las redes sociales han cambiado la forma de hacer política. La manera de hacer campañas, de conectarse con las necesidades de la gente, es una conexión que hoy tiene un espacio virtual”. De acuerdo con el informe del Observatorio de Política y Redes Sociales de la Universidad Central sobre la realidad mediática, las redes sociales han desplazado a los medios tradicionales respecto a la información política que consume la ciudadanía. / Créditos: La Tercera. La conducción de la sociedad y del gobierno, junto a la búsqueda de soluciones a las problemáticas del país, son un desafío complejo que, en un modelo democrático representativo como el que tiene Chile, queda en manos del presidente de la República y el Congreso. Sin embargo, hoy –en diferentes países del mundo- se está planteando la idea de que el poder debe distribuirse mejor y que esto puede conseguirse en un espacio digital. Aun así, para Cordero la democracia representativa es irremplazable y difícilmente puede ser trasladada a un plano completamente digital. Considera que no hay ninguna alternativa que pueda sustituirla, porque «una cosa es que se le pueda consultar a las personas por determinados objetivos políticos, y otra cosa es consultarles sistemáticamente por la manera en que se pueden materializar esos objetivos. Esto último no se puede hacer. Y es, básicamente, porque nadie está suficientemente capacitado en todo», explica. La democracia frente al avance tecnológico Para los entusiastas de la tecnología, que reconocen en ella una herramienta útil para la política, internet permite bajar las barreras de acceso a la información, logrando que la sociedad se estructure de par a par, sin intermediarios. Esto –esperan- podría generar, en una democracia digital, un fenómeno virtual global donde no es necesario tener representantes, pues la participación ciudadana puede darse de una forma más fácil y práctica. Sin embargo, hay quienes no comparten completamente esta visión. La investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y doctora en Ciencia Política, Lisa Zanotti, considera que “teóricamente el desarrollo tecnológico bajó los costos de la información y de la participación. Pero, por otro lado, no hay que olvidar que el acceso –en algunas áreas más que otras— es todavía extremadamente desigual, lo que puede reproducir o exacerbar las desigualdades presentes en la sociedad”. Para Tomás González, director de Fundación Tribu, la democracia digital debería entenderse como un nuevo modelo, que involucre un cambio estructural completo, donde “deben generarse nuevas herramientas de participación y diálogo ciudadano. No hablamos solo de votar electrónicamente, sino de una convivencia e interacción social. Hay que entender que los espacios digitales ya forman parte de la realidad”, comenta. Es evidente que esta transformación digital presenta oportunidades, desafíos y dilemas. Uno de estos retos está asociado a la forma en que la comunicación en la web puede acentuar burbujas de pensamiento. Según González, la solución a esos problemas “no tiene que ver con la forma en cómo votamos, sino de cómo nos entendemos. En el mundo virtual es importante tener información balanceada y en conjunto con un diálogo en la diversidad de un grupo representativo”, explica. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, defendió recientemente en la Cumbre por la Democracia, organizada por Estados Unidos, la necesidad de regular el mundo digital para que sirva a los propósitos y el bien común. / Créditos: Agencia EFE. De esta forma, repensar los marcos institucionales que regulan la convivencia requiere de un actuar en conciencia, sin dejar de considerar la era digital en la que se encuentra inmersa la sociedad. Y en esa misma línea, también es relevante que el mundo virtual tenga limitaciones, pues los conceptos de transparencia y confianza suelen ser difusos en dicho espacio. En relación a la ciberseguridad asociada al fenómeno democrático digital, el director de Incidencia de la organización Derechos Digitales Vladimir Garay, asegura que “cualquier introducción de tecnología, respecto del sistema democrático, requiere de altas medidas de seguridad que salvaguarden los procesos. Pareciera ser que el gran peligro de este tipo de cuestiones tiene que ver, más que nada, con las brechas de tecnología y falta de alfabetización. Si ambas son altas, se terminan sumando al resto de desigualdades existentes y eso no suma en nada”, sentencia. Así, la opacidad, las dudas con la seguridad y las brechas que se abren en instancias digitales, son factores que deben considerarse en esta materia. En eso concuerda Garay, quien además indica que “una gran falacia que hay que resolver es que la tecnología resuelve todo esto por sí misma, eso no es cierto”.